Pero no nos adelantemos. En Macasar ya habíamos estado brevemente antes de ir con los Toraja. Simplemente dejamos las maletas en la estación de bus y salimos a dar un paseo, pero nos dio tiempo a ver el fuerte Rotterdam y la mezquita de las 99 cúpulas desde el agradable paseo marítimo con sus barquitos.
Esta vez ni siquiera entramos en la ciudad. Nos quedamos en Rammang Rammang, un pueblo que está cerquita de Macasar y que es como dormir en medio de las marismas de Cádiz.
Esa tarde, nada más llegar nos fuimos a coger una barquita por un manglar, que nos llevaba a un complejo kárstico inmenso.
Ya en tierra, salió a nuestro encuentro una familia entera de macacos moros. No sé por qué se llaman así, ya que son endémicos de la isla de Célebes...
Como os decía, a la mañana siguiente aprovechamos el cambio de vuelo para incluir la isla de Borneo en nuestro viaje. En principio la ciudad petrolera de Balikpapan no prometía mucho, pero vimos que tenía cerca un manglar y ahí nos lanzamos.
Ya que en este viaje no íbamos a poder admirar orangutanes 😔 igual podíamos ver a los monos narigudos, una especie muy curiosa, endémica de Borneo. El problema es que no se les suele ver a mediodía, por el calor, sino a partir de las cuatro. Pero oye, había que intentarlo.
No iba a ser fácil. Para empezar, la barca tenía estropeado el motor, así que mientras que esperamos que acabara de rezar otro barquero musulmán, nos entretuvimos con el curioso cangrejo azul, que resulta ser fundamental para mantener el ecosistema del manglar...
Cuando ya conseguimos arrancar, en vez de los monos narigudos nos encontramos con los peces andarines, un pez anfibio que, como parece imposible, os dejo que lo veáis vosotros mismos.
Cuando ya estábamos a punto de perder toda esperanza de encontrar a los monos narigudos y mi madre ya empezaba a preocuparse por llegar a tiempo a nuestro vuelo, detrás de un aserradero industrial nuestro barquero vio moverse unas ramas. Nos acercamos y allí estaba nuestro narigudo amigo, como saliendo a despedirse.
Salimos pitando (de alegría y de prisas) al aeropuerto porque todavía nos quedaba Java, la tercera isla de estas 24 horas intensas.
Al aterrizar en Semarang, aunque nos tentó el hotel con su aire acondicionado, salimos a ver el barrio de Kota Lama, con su aire colonial y con sus apetitosos restaurantes de pescado 🤤 (aunque nos comimos el doble de la dosis recomendada y nos sentó regular 😅).
Pero como la noche era agradable, nos animamos a seguir los pasos (o la leyenda) de Mata Hari y nos fuimos a tomar un cocktail a la Marabunta...
Y ahora ya sí, lo dejamos por hoy, porque la siguiente entrada ya será ¡en el festival de Dieng!
Un abrazo, familia 🫂
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