Las montañas son espectaculares, salpicadas de terrazas para el cultivo de arroz, cada una con un búfalo casi inmóvil en plena simbiosis con sus inseparables garzas y con el resto del paisaje. Búfalos que además se venden y compran en un pintoresco mercado semanal. Pero no es por esto por lo que hemos venido hasta aquí.
Los Toraja tienen historia de fieros guerreros cazadores de cabezas, fama de vigorosos en muchos sentidos y con interesantes rituales celebrando la vida. Son los que miran hacia el este, desde sus magníficas casas cuyo techo parece un barco (las famosas tongkonan) y que tienen enfrente los preciosos hórreos/graneros para el arroz (alang) con arquitectura similar a las casas y entre cuyos pilares se produce la entretenida vida social. Pero sólo por esto tampoco habríamos emprendido el largo viaje hasta aquí.
Después de años de cristianización en que han desaparecido otros aspectos de su cultura, hay uno que no deja indiferente a nadie: sus ritos funerarios, su especial relación con la muerte. Mientras en occidente escondemos la muerte en hospitales y bajo mármol blanco, aquí la muerte sale del armario y nos mira cara a cara.
Por simplificar, digamos que hay tres ritos funerarios fundamentales: el velatorio en casa (que puede alargarse durante años), el funeral (con muchas formas distintas de enterramiento) y el ma'nene, dos o tres años después del funeral que es lo que produce más choque cultural.
El "velatorio" tiene lugar en la habitación sur de la casa/tongkonan.
El funeral (Rambu Solo) propiamente dicho dura cuatro días y tienen que preparar unas estructuras temporales de bambú para los invitados y una torre para colocar el ataud hasta enterrarlo en su lugar definitivo (mausoleo, nicho en la roca, bajo un monolito, etc). A las bodas solo pueden venir las personas invitadas, pero al funeral puede ir todo el mundo (cuantos más asistentes, más honorable) y es también una forma de redistribución de la riqueza, porque al final se reparte la carne de los búfalos sacrificados entre la gente del pueblo. Pero fundamentalmente se trata de acompañar a la persona fallecida para que llegue al paraíso (puya).
El que estuvimos nosotros empezó con un sermón de un sacerdote protestante (que habló con cuerta guasa de los hombres que usaban magia negra para que las mujeres se enamoraran de ellos y las mujeres que usaban magia blanca para protegerse), pero luego dirigía el resto del rito el sacerdote tradicional (to minaa) vestido de rojo.
Fue una maravilla poder vivirlo acompañados de la familia, sobre todo de una nieta que se aseguró de que estuviéramos a gusto en todo momento.
El cuerpo es trasladado en un palanquín que recuerda a los graneros de arroz - de hecho se llama como ellos, pero repitiendo el nombre: alang-alang. Los hórreos, orientados hacia el sur en vez de al norte, contenedores no solo de los granos de arroz de la cosecha anterior sino tambien de las semillas de la siguiente (y, anteriormente, de las cabezas de los enemigos), son un "mediador" entre la vida y la muerte. Al menos eso dice el Nigel Barley (autor del magnífico Un antropólogo inocente) en este libro que os recomiendo si os interesa el tema.
Por último, dos o tres años después realizan el famoso Ma'nene. Sacan a los muertos de los ataúdes, les quitan la ropa, los limpian y les ponen ropa nueva. Después de eso, interactúan un poco con ellos de una forma lúdica, se sacan fotos y vuelven a meterlos en el ataud y en el lugar de enterramiento. Me recuerda un poco al cuidado con el que mi madre mantiene limpia y con flores o plantas frescas la tumba de mi padre.
Pero lo que sorprende, además de que dejen a turistas estar en un momento tan íntimo, es que dejen a los niños estar presentes en todo momento (había uno acariciando la ropa de otro niño fallecido) y que, aunque había una niña llorando en la primera parte, una vez vestidos con ropa limpia, el ambiente es lúdico, de recuerdo y de celebración de la vida, como si no fuera un cuerpo momificado y fallecido hace treinta años con el que te estuvieras sacando la foto.
Pero mejor que lo veáis vosotros mismos y hagáis vuestras propias reflexiones:
Los lugares de enterramiento los dejo para otra entrada, que seguro que esta, si habéis visto los vídeos, ya os ha dado suficiente que pensar.
Lo que queda claro es que en todas las culturas, el cariño por nuestros seres queridos no termina con la muerte.
Un abrazo 🫂
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