Monday, 25 March 2013

Me llamo Pérez, César Pérez ;-)


Esta entrada podría titularse: Kampala, una historia de reyes, espías, monstruos voladores, brujos y modelos ugandesas; pero no me negaréis que no os molaría a todos poder soltar alguna vez la mítica frase de James Bond. Pues eso.

Pero no nos adelantemos. A la flamante capital de Uganda llegué de madrugada tas un terrorífico viaje nocturno bordeando los volcanes de Ruanda y absorbiendo todos los baches del camino. Pero mereció la pena. Al salir del autobús y bajar una de las siete colinas  que la rodean, –como Roma pero con  mezquitas en cada cima-, me encontré con el Sol, que venía a mi encuentro y por la arteria principal de la ciudad avanzaban en masa coches, motos y gente hasta ser engullidas por el astro rey.

Y el día no había hecho más que empezar. Tras una ducha en casa de mi amigo Marvin y el paseo exploratorio de rigor, nos fuimos a la inauguración de la exposición de los cuadros de otro amigo, Ronex. Arte! (no sabéis lo difícil que es encontrarlo de vez en cuando por estos lares). Arte… y tambores, y cervezas gratis! Esto empezaba muuuy bien. Y ya que inauguraba, nuestro amigo inauguró también su nuevo bar, con más música en directo, danza, gente haciendo torres humanas o echando fuego por la boca… El fugaz paso por otro de los locales nocturnos de esta ciudad que nunca duerme casi ni lo recuerdo, pero cuando por fin llegué a la cama no podía creer el estruendoso croar de ranas que me esperaba,  como recién llovidas de la peli Magnolia. Pero ya metido de lleno en este mundo de ensueño, me quedé dormido.

Cuando desperté me di cuenta de que Marvin seguía allí, y que había más cosas maravillosas: un frigorífico, una tele enorme y un microondas! Días más tarde y ya en éxtasis descubrí que hasta había una forma de ducharse con agua caliente!! El caso es que después de tanto descubrimiento, cuando nos encontramos con otro amigo casi ni me sorprendió que me dijera:

-¿Quieres ser agente secreto?
(Bueno, lo reconozco, fue algo así como “¿Quieres trabajar para “nosotros”?”, pero con un tono de secretismo y de intriga que daba a entender lo primero. Y me vino a la mente el brujo masai que me dijo que en breve iba a ser inmensamente rico.)

Reprimiendo mi primer impulso de lanzarme directamente a la aventura, le pedí que se explicara un poco.  No queriendo dar muchas explicaciones me dijo que necesitaban gente con pasaporte europeo que  pudiera viajar rápidamente a Europa a llevar… mensajes encriptados! No podía darme más detalles (ahí, en plena calle, sin saber quién podía estar escuchando) pero si me interesaba podíamos fijar un encuentro con “el jefe” para el día siguiente. Ya me llamaría el para decirme la hora y el lugar. Guau.

Como os podréis imaginar, con esa intriga y ese aire de Roger Moore que se me estaba poniendo no podíamos hacer otra cosa que salir de juerga y Kampala, creedme, es el lugar perfecto para eso. En Jazzville, con música en directo y tras despedirme de una periodista que tuvo a bien bailar conmigo, llegaron nuevos amigos que me “traían” a una modelo ugandesa. Y para que nos conociéramos mejor nos  llevaron a un tugurio minúsculo y auténtico lleno de gente bailando, donde la modelo procedió a presentarse formalmente al estilo africano, es decir, plantándote directamente su trasero de escándalo entre las piernas y contorneándose en oleadas al ritmo de la música aparentando normalidad.

-¿Cómo decías que te llamabas?- preguntaba yo intentando maniobrar con sus caderas de tal forma que tuviese una pequeña visión, siquiera en escorzo, de su rostro para llegar a un punto intermedio entre lo que ella y yo entendíamos por conversación .

-Ginebra con tónica- responde ella con una sonrisa girando levemente su cabeza que en ese momento rozaba casi el suelo en un alarde de contorsionismo, pero sin perder el hilo de la animada conversación que sus glúteos habían entablado con mi entrepierna.

Antes de que  yo pudiera acostumbrarme a este nuevo cuerpo de centauro en que nos habíamos convertido , ya tenía a una camarera tomando nota de “nuestro” pedido . E instantes después, de nuevo en posición bípeda y sin darme tiempo a aprovechar el momento para iniciar una conversación, mi modelo ugandesa decide que podemos ir a la barra para no esperar por las bebidas, y que la ventaja de estar los dos a la misma altura (bueno, ella un poco más alta) no es poder hablar sino poder liarnos (y no le faltaba razón, claro), sólo que cuando me recupero hago el último intento,

-¿Cómo decías que te llamabas?- Pero era demasiado tarde, su cabeza ya estaba rozando el suelo de nuevo y nos habíamos metamorfoseado de nuevo en una especie de Sagitario afroeuropeo. La verdad es que para ser mi primer día como agente secreto no se me estaba dando nada mal jeje
(Bueno, para que no os hagáis muchas ilusiones era más tonta que un capazo. Así que cuando nos estábamos yendo para casa e hizo el paripé de “yo no me acuesto con nadie la primera noche” me apresuré a asegurarle que me parecía muy bien y a descansar en mi camita entre el desaforado y casi famiiar croar de las ranas)

Pero claro, os habréis dado cuenta que ya tenemos a los jefes, las mujeres hermosas, las misiones secretas  pero nos falta… el malo de la peli. Pues no tardó en aparecer y como en las películas era oriental. No chino, el malo oficial de por aquí, no indio, que también les caen de pena, sino sorprendentemente, japonés. Era el nuevo couch surfer (la página que uso yo para conocer gente), que aunque Marvin sólo se ofreció a ayudarle a buscar alojamiento se plantó en su casa unas horas más tarde y empezó a cambiar nuestros planes. La versión oficial es que era cocinero, en efecto, el típico experto con los cuchillos. No tardó en tratar de infiltrarse en nuestra “organización”, no como cocinero, sino como intérprete de japonés; y ahí empezaron los problemas…

En una conversación aparentemente banal me dijo que me callara y que le diera la razón en todo.
-What???- exclamé. Pero antes de que pudiéramos comprobar quién tenía más habilidad con los cuchillos, Marvin, siempre correcto eligió otro tema de conversación.

El momento más crítico, no obstante, estaba todavía por llegar. En una reunión conjunta con la “organización”, el japonés se puso a gritar al “jefe” y a pedirle 20 dólares por día si quería volver a reunirse con él y que en caso contrario tuviera cuidado porque no sabía con quien estaba tratando. Yo por decir algo pregunté por enésima vez cómo se llamaba la “organización”, pero de nuevo sin éxito.

Hasta ese momento lo único que había conseguido saber es que mi primera “misión” sería en París para reunirme con alguien de una importante empresa petrolífera. Todo tenía ya tal tufillo ilegal y surrealista que me despedí amargamente de la “organización” y de las aventuras –y peligros- a ella ligados snif snif

Pero Kampala seguía llena de sorpresas con sus gigantescos y grotescos marabús patrullando por calles y tejados en busca de residuos que engullir, encuentros con escritores en la universidad, predicadores gritando entre los coches,  y sobre todo los viajes con tres personas en una moto (llueva o no llueva).

Y más conciertos, y más números de mujeres mágicamente en mi móvil. Quién sabe, quizá llame a la periodista del primer día y puede que después de todo el título de esta entrada debería ser Kampala Mon Amour ;-)

8 comments:

Cristen said...

Tremendo episodio con la modelo. Y pobre japonés. Mira que Intentar privarte del derecho a la réplica. No sabía dónde se estaba metiendo... Whaaaat? ¿Qué yo discuto? ¡Que yo no discuto! :D :D

Eliahh said...

Madre mía Loly, lo mismo nos das una lección de historia que nos cuentas un capítulo de espías. ¡Suerte en tu viaje!

Noelia said...

IMPRESIONANTE!!!!q miedo....besotes y cuidate.besos desde Zaragoza

la_de_burgos said...

Creo que no te echan de Kampala tan pronto :-P

El Negro said...

dime que por lo menos agregasta a la modelo ugandea al facebook...

Félix said...

Afzb Axkf nrb ib bpqáp olyxkal bi mxmbi, v bpqá jrv moblzrmxal. Jb bpqlv ibvbkal rk ifyol nrb exyix plyob ixp mbqoliboxp v pbdrol nrb qb drpqxoíx: Kxafb sfl Jxqofu. Qbk zrfaxal zlk ixp xcofzxkxp!! Rk xyoxwl
Como eres agente secreto deberías poder desencriptar esto.
La pista es: tu nombre 23

cesar said...

Felix, lo intento cuando tenga internet gratis jeeje Jes, lo siento pero no estaba seeguro de que supiera escribir y no queria poner a la pobre en un compromiso. Sara y Cristen, teneiss toda la razon y a Eliahh, demas amigos y mi familia... gracias por seguir mis aventuras!!

salvallende said...

Lo que daría yo por una presentación de esa guisa... a la africana! De hecho sería la única posibilidad de que una modelo no me mirara de arriba abajo. ¡Qué gusto leer tus aventuras, César! Aunque a saltos, por aquí te seguimos con preocupación, curiosidad y envidia. Un abrazo!