Wednesday, 9 October 2013

La sirena que tenía miedo del mar

Su nombre significa "reina", pero eso sólo lo supe más tarde. Aquí la llamaré Mami Wata. Cuando la conocí sólo vi a una joven de gran belleza y amabilidad que me ayudaba a encontrar un restaurante.

Unos días más tarde estaba sentada entre mis piernas, con su espalda recostada sobre mi pecho contemplando las olas y la ciudad que parecen formar los barcos iluminados en la distancia. Estábamos sentados en la playa, en esa frontera encantada entre la luz que viene de la calle y la oscuridad del mar. Yo no podía evitar reirme de su confesión de que le daba miedo el mar.

Y de pronto su grito. Y un peso enorme que me aplasta, que me inmoviliza los brazos y me atenaza el cuello. Otro se lleva a la chica hacia la oscuridad. No puedo respirar, pero puedo embestir como un toro herido y arrastrarlo a patadas, haciendo un surco en la arena, hasta donde estaba el otro sobre  Mami Wata, que se resistía fieramente.

Percibí miedo en mi agresor cuando conseguí soltarme un poco para lanzarle la cartera al que tenía a Mami Wata, como se lanza un trozo de carne a una bestia salvaje. Como tal, alzó el hozico y tras dudar qué presa elegir, soltó a la chica y cogió mi cartera.

El mío, al ver que yo no quería pelear se atrevió a hablar por primera vez. Te voy a matar -gruñó. Me giré y le miré fijamente a los ojos. No volvió a decir nada.

Después de cachearme se fueron corriendo. Y empezó a llegar gente. Tras haberse resistido valientemente, todo el miedo y la rabia salieron y Mami Wata temblaba de pies a cabeza como las hojas del Baobab Sagrado tras los rituales. No podía andar, como las sirenas tras el esfuerzo de salir del mar hacia la tierra donde todo pesa. Y lloró. Lloró mientras una mujer que también había sido agredida el día anterior nos ayudaba a llegar rápido al hotel "porque si no, viene la policía y entonces es peor. Ellos también quieren dinero". Lloró al subir las escaleras y siguió llorando aunque más calmada cuando la acostamos en la cama.
Tranquila, ya pasó todo -le digo mientras ella llora por los dos para limpiarnos del odio y la bestialidad humanas-. Lo importante es que no te han tocado y estamos vivos y sólo nos duele un poco el cuello.

La ducha fresca le devuelve el control de su hermosa piel, brillante como si aún tuviera escamas pero suave como si acabase de nacer entre mis brazos. Y llegan sus palabras.

Si abro los ojos le vuelvo a ver abalanzándose sobre mi -susurra-. Es normal, es el shock -le digo-, pero eso también pasará. Mírame a los ojos...

Eligieron mal -pienso mientras la acojo entre mis brazos-. Se llevaron mi dinero (lo peor de Europa), pero yo me quedo con lo mejor de África. Ellos se llevaron sus mordiscos de serpiente y sus gritos, pero a mi me regala sus besos y sus caricias esta bella sirena que ellos ni siquiera han sabido reconocer.

Recuerdo al encontrarnos cómo me explicaba que estudiaba sociología para ayudar a desarrollar su país, sobre todo para recuperar a los niños de la calle que se educan en la ley del más fuerte. Me mostró las heridas de su ciudad, sus lugares de prostitución y delincuencia. Y trabajaba para no tener que depender de un hombre ni aceptar la poligamia que había hecho sufrir a su madre.

Recuerdo las historias de su abuelo sobre los blancos que venían a llevarse a las sirenas con trampas de espejos, o el sueño de su profesor de filosofía de ser amado al menos una vez por una sirena como contaban fascinados algunos aldeanos...

- No te voy a dejar que te vayas hasta que te vea sonreir -le digo poniéndome teatralmente mis gafas recién arregladas con celo. Y se hace la magia.

Mami Wata alza su cuerpo de bronce, de estatua y se viste cuidadosamente. África gana. Una de sus mejores mujeres seguirá luchando cada día para curar las heridas de su ciudad, que ahora son las suyas. África gana porque Mami Wata la diosa de las aguas, la reina de las sirenas se ha enfrentado a sus peores temores, ha vuelto a levantarse y seguirá con los pies en la tierra para cambiar su mundo.

Y gano yo. Porque nadie te puede robar jamás el amor de una sirena...

15 comments:

Diego said...

Buf César... Brutal...
Exento de la sorpresa por los hechos en sí (de los que no versa mi comentario), me parece que te ha quedado una entrada redonda. Sin palabras.

Pietro said...

Gracias por compartirlo! Estas emociones son la vida! Un abrazo px

Miriam Merchante said...

Sencillamente genial!Sigue conquistando sirenas e historias y sirenas de historia..un fortísimo abrazo!

Rocío said...

:'-)

Qué bonito.

Anus said...

No tengo palabras, pero sí muchas lágrimas para intentar borrar las huellas que esos canallas os hayan podido dejar.......
T.q.

Anus said...

No tengo palabras, pero sí muchas lágrimas para intentar borrar las huellas que esos canallas os hayan podido dejar.......
T.q.

Glo said...

Impresionante César. Claro que has ganado amigo mío...Eres grande! Un besazo

Anonymous said...

Eres mi ""heroe romantico"

Rous said...

ójala tu sirena entendiera estas palabras porque perdería el miedo al mar :) venció el amor :)

Rodrigo said...

Por llevar un tiempo sin entrar al blog, menudo empiece. Mientras me iba poniendo al día entre textos, vídeos y fotos sentía que me iba transportando del polo a Africa más profunda. Para finalmente, volver a releer esta ultima entrada y recordarme que todo es real y le está pasando a nuestro ya merecido título honorífico "gran aventurero" César.

Ikerne Jauregui Arsuaga said...

Me has puesto la piel de gallina.....
Impresionante César.
Me alegro de que todo quedara en un susto .

Un besazo!

Sunera said...

Lindo ! :)))

cesar said...

Gracias familia! Espero no daros mas sustos como este :-)

Y gracias amigos por los comentarios! Al fin os animasis jeje

Solo tengo una pregunta que me corroe... quies el anonimo del "heroe romantico"???

Un abrazo!!

laura abad santamaria said...

Sin palabras, César. Espectacular

Anonymous said...

Pocas personas serían capaces de relatar un suceso adverso con un nivel tan alto de poesía y belleza. Parafraseando a Silvio, has convertido en milagro el barro.
CAOS