viernes, 9 de diciembre de 2011

Las tres caras de Bolívar, el Libertador

De Cartagena y tras pernoctar breve pero agradablemente en Barranquilla fui a Santamarta en un taxi "puerta a puerta" que llegó a "mi puerta" dos horas tarde. Pero mereció la pena porque uno de los pasajeros era Ernesto, que venía de un reencuentro con compañeros de colegio después de 50 años. No paramos de hablar en todo el viaje. Comparamos el elitismo limeño de clase, de color con el económico de Colombia donde la nueva generación de jóvenes juppies tienen que aparentar todo el rato con ropa de marca, coches buenos. "Eso no era así antes del narcotráfico, antes del dinero fácil que ha dejado malas costumbres", aclara. Comparamos la elegancia y el dominio de la técnica literaria de Vargas Llosa con la sensualidad y la profundidad de García Márquez a pesar de su lenguaje cercano y coloquial. La diferencia de recepción del Nobel en Colombia que fue "un impulso para el país porque nunca habíamos creído que podíamos ganar un Nobel", y en Perú donde todos los años se sorprendían de que todavía no se lo dieran. Él conoció a Gabo en una cena. "Es muy cercano, aunque yo estaba tan impresionado que casi no hablé y a él le gustan los tragos y las bromas Al decirle que iba a Santa Marta para ver el lugar donde murió Bolívar, empezamos a hablar de su vida y me recomendó el libro de Gabo sobre los últimos días del Libertador: El general en su laberinto (que acabo de empezar ;-) Así que sin más preámbulos y dedicándoselo a Luiggi os invito a entrar en la habitación donde murió el gran héroe de latinoamérica




YouTube Video

Por si alguien no conoce su historia, quizá este mural sirva de introducción




YouTube Video

Pero por resumir un poco, quizá lo más claro sea fijarse en la propia estatua del Libertador:




Si la miramos por la izquierda parece el joven Bolívar de 1810, con el pie izquierdo hacia delante comenzando su andadura lleno de energía




De frente parece el Bolívar de 1820, cuando ya ha liberado pueblos y ganado innumerables batallas. Parece agarrar la capa y la espada en posición elegante, bien asentado ya en su lugar.




Pero desde la derecha parece ya el viejo y consumido Bolívar de 1830, traicionado por antiguos amigos, calumniado por sus opositores y agonizando de tres enfermedades (tuberculosis, fiebre amarilla y peste bubónica). La pierna que al principio parecía avanzar, luego reafirmarse en su posición, ahora parece tambaleante, la espada parece el bastón del anciano y la capa, la manta del enfermo.

No llegó a Europa a consultar nuevos médicos, murió en la casa de sus amigos tras meses de agonía. Luego se pondrían estatuas suyas en las plazas de casi todos los países que ayudó a liberar, luego se le consideraría de nuevo como uno de los grandes héroes de Latinoamérica. Pero murió antes de todo eso, abandonado por casi todos, como un general en su laberinto que diría Gabo. Aún así, estas fueron sus últimas palabras con las que cerramos este pequeño homenaje: