Monday, 12 October 2009

Beirut Blues

Llegamos con las sandalias todavia llenas de la arena del desierto, los pies cansados de recorrer el ultimo castillo de los cruzados que aguanto el asedio de Barbyr, la espalda dolorida de pasar la frontera en furgoneta con otras ocho personas. Cansados de tener que pagar para salir de un pais. Tiramos la mochila y salimos a la calle, a donde fuera, simplemente a andar, a que nos diera el aire.

Y poco a poco nos dimos cuenta de que nuestros pasos se dirigian al origen de una suave musica. Y entramos. De repente estabamos en el salon de actos del Jhonny (mi colegio mayor, la catedral del jazz que hemos tenido que salvar recientemente :-). Y ahi estabamos como simpre: en pantalones cortos, con sandalias, el concierto empezado y sin pagar la entrada. En el Olimpo no debia quedar ninguna diosa porque estaban todas aqui. Por supuesto teniamos dos sillas esperandonos.

Nos sentamos y de repente desaparecieron las paredes de nuestro querido colegio mayor. Estabamos en el centro de Beirut. Tras el negro de voz sabia y vieja y magica, tras el piano que volaba entres sus manos, se veia la cuidad iluminada y rodeada de mar. A nuestra izquierda imponente y digno, rodeado por la atmosfera verdosa de los focos, estaba uno de los edificios acribillados a balazos durante los 15 agnos de guerra civil. Y a nuestra derecha la impresionante reconstruccion de la zona ocupada anteriormente por los restos de hormigon de sus compagneros caidos.

Y seguia la voz melodiosa trayendo la magia del blues, de mi colegio mayor, el vuelo lento del fenix de este pueblo que tanta gente se empegna sin exito en destruir. Y la voz sigue cantando que sin ti amor, no vale la pena viajar a Londres o a Paris. Se estremece y se cimbrea el cuerpo moreno de la diosa de pelo afro que tengo delante y se extiende el olor de los cedros del libano. Y la voz siguio diciendo amor, te quiero the way you are...

Despues vendrian los jaguar, los mercedes y los ferrary derrapando a toda velocidad, ansiosos por vivir su presente, sin saber que hacer con tanto dinero. Pero esa noche estaban dando palmas al ritmo suave de la voz que seguia cantandole un blues al cielo de Beirut.

2 comments:

JAIME OLMEDO said...

¡pero qué bien suena todo lo que cuentas!

Cristen Stein said...

Lo que otros resumirían en dos palabras -"ay omá"- tú nos lo haces vivir de forma única, y eso que a mí no me van las diosas. Qué delicia de relato. Beirut tiene que estar contenta de recibiros.