Wednesday, 2 August 2017

Fin de semana familiar por las playas del mar Caspio

Una señora que trabaja en el mismo edificio que mi hermana está casada con un iraní y el hermano del esposo vive en Irán y tiene una casita a orillas del mar Caspio.

Probablemente con el ajetreo individualista londinense nadie más en el edificio lo sepa, pero mi hermana sí. Y no sólo lo sabe, sino que le escribe un simple mensaje a este señor y empezamos una nueva odisea ;-)

Así que desde Ardabil nos fuimos en autobús rumbo a Langeroud. Un poco jaleo porque en principio no llegaba a Langeroud, pero luego sí que llego. Eso sí, con muchas horas de retraso. Lo fascinante es que cuando se abrió la puerta del autobús a la una de la mañana en medio de la carretera de un sitio al que se suponía que no llegaba... ¡allí estaba Mehraban esperándonos! A día de hoy seguimos sin entenderlo ;-)

No me resisto a poneros esta foto:


Ha sido un clásico de este viaje. Mi hermana despliega su encanto nada más entrar en un transporte público. Radiante incluso con el velo, se pone a sonreir y a chapurrear en farsi unos minutos con todo el mundo... hasta que se duerme. Y entonces me deja a mi -que intento leer-, con un galimatías de gente amabilísima haciéndome preguntas, ofreciendo fruta, déjame el libro, galletitas, ¿qué habéis visitado?, más agua, ¿tenéis casa para dormir?, venid a la nuestra, más fruta, Irán-ziva-ziva-ziva-preciosísimo oye, gracias, gracias señora pero es que no la entiendo; luego ya si eso cuando se levante mi hermana pues ya le cuenta, gracias, gracias, tashacor, khodafes...

Para que os hagáis una idea ;-)

El caso es que nos llevan en coche a su casita a orillas del mar Caspio y en vez de tirarnos a una alfombra e irse por fin a dormir, empieza el jolgorio, las anécdotas, la historia de cada uno, videoconferencia con la cuñada en Londres... como si no fuéramos unos desconocidos complicándoles la vida sino los hijos pródigos que hubieran vuelto a casa.


Lo peor es que a la mañana siguiente cuando me levanté me di cuenta que a nosotros nos habían dejado su habitación y Mehrabán y su mujer estaban durmiendo los dos en las alfombras del salón. Nos dió vergüenza hasta a nosotros, que ya nos queda poca ;-) 
Por supuesto nos sacaron toda la despensa para el desayuno: huevos, distintos quesos, distintos panes, galletas, sesamo... y sobre todo una miel deliciosa. Bueno, eso y un café hecho con cafetera italiana porque una de las primas -que era profe de inglés y nuestra traductora infatigable- había vivido en Italia. 

Como les dijimos que queríamos verlo, salimos rumbo a Masouleh, un pueblecito en las montañas, pero antes paramos en un museo de casas tradicionales de Gilán (la región en la que estábamos) que también fue una delicia. Había mujeres preparando pan tradicional de arroz y mi hermana hasta aprendió a tejer con un telar "casero". Que no nos faltase de ná ;-)


Volvimos a salir rumbo a Masouleh, pero como se nos había hecho tarde paramos primero a comer. Nada, una cosa sencilla: caviar, pescado al grill, estofado y en kebab (les habíamos dicho que no habíamos comido mucho pescado en Irán), purés de berenjenas, olivas con una salsa especial, etc. Aquí os prometo que intenté pagar. Me levanté, hablé con el camarero -que no me entendía-, insistí al patriarca... nada, no si molestó en contestarme. Sólo alzó un poco la mano y echó ligeramente la cabeza para atrás (el gesto para decir que no por estos lares). Ni lo intentes, parecía decir. En otra ocasión que lo volví a intentar, el marido de la prima me miró todo serio y me preguntó "¿Pero por qué quieres pagar?". Pues nada, imposible, ¡Esperemos que consigan el visado para venir a España! 


Ya con la panza llena, de nuevo a la carretera que por cierto era una pasada con sus filas de montañas casi ondeando vaporosas en el horizonte...


Con todas estas experiencias el pueblo en sí, muy turístico, aunque tenía su encanto casi fue lo de menos ;-)


Y a la vuelta a casa... barbacoa y bailes en el jardín. Que no pare la fiesta. Resulta que encima Merhaban fue DJ en Manchester cuando su familia salió de Irán durante la revolución del 78. Ole, ole y ole. Luego volvió a estudiar a Irán y ya se quedó. Le tocó vivir los bombardeos en Tehrán durante la guerra Irán-Irak del 80 al 88. Comenzada por Sadam, instigada por los Estados Unidos entre bambalinas y alargada hasta el absurdo por Khomeini que aprovechó para hacer una purga en casa. Una guerra en la que ninguno de los dos países ganó nada y murió mucha gente. "Ocho años perdidos" decía Mehraban. Según una autora iraní fue parte de la doctrina de la "doble contención" de Estados Unidos; provocar a estas dos grandes potencias petroleras para que se ataquen entre ellas y así ninguna de las dos fuera realmente fuerte. "Loco Sadam y loco Khmoeini". Una locura, en resumen. 

En Hamadán ya nos habíamos encontrado con gente que se definían como "los niños de la guerra". Alguien nos contaba por ejemplo que ya no podía comer pescado porque lo tenía ya asociado a los bombardeos. Aunque recordaban también casi con alegría cuando tenían que huir de Teherán al norte, porque así no tenían clase y los niños lo vivían casi como unas vacaciones. Los que sobrevivieron, claro.

Pero volvamos a la playa a orillas del Caspio, con la barbaoa y la juerga. Como yo quería darme un baño nocturno, fuimos a la playa. Pero no contábamos con que mi hermana tenía que bañarse completamente vestida o en una zona rodeada por un plástico azul que era exclusiva para mujeres. En el colmo del absurdo acabamos bañándonos solamente mi hermana y yo, ella completamente vestida y... en la zona de mujeres! En fin, para que nos "empapáramos" bien de las dificultades de ser muer por aquí.


El día siguiente ya era el día de vuelta a Teherán con ellos. O sea, el último día para mi hermana. Así que como estábamos un poco tristes la madre sacó un libro de Hafez, uno de los dos poetas adorados en Irán y nos dijo que hiciéramos una pregunta mentalmente. Ella abriría una página al azar y esa poesía nos daría la respuesta a nuestra pregunta secreta. Yo había leído en la guía que hacían eso pero no me lo podía creer. Me parece genial que haya un país donde mucha gente tenga en las paredes un cuadro de un poeta en vez de un crucifijo o una foto de la peregrinación a la Meca. Y no tiene por qué ser en casa de artistas o escritores (Merhabán es ingeniero y su mujer es médico), según nos cuentas es bastante común.

Este amor por la poesía me parece la clave de la elegancia, la ternura y la sensibilidad tan especial de los iraníes.

Y como vio que me fascinaba, Tina la hija mayor me regaló un cuadro suyo en que había pintado un poema sobre el amor de Rumi, el otro de los grandes poetas persas. Claro que los turcos dicen que es turco porque nació en Turquía. Un detalle menos para los iraníes porque en aquella época era imperio persa y escribió en farsi. Sea como fuere el detalle de regalármelo es conmovedor y el poema también. Termina diciendo "no escaparé al amor". Amén.

Para contrarrestar un poco tan sublimes palabras y el caloret que hacía, sin previo aviso la madre se lió a manguerazos con los que estábamos desprevenidos y acabamos así:


¡Son geniales!

Y no me enrollo más la llegada a Teherán, la cena, el viaje al aeropuerto a las dos de la mañana, la cancelación del vuelo de mi hermana, los nuevos vuelos, dejarla en el hotel, volverme con Merhabán a casa casi a las cinco de la mañana y levantarme a las ocho para prepararme porque tenía organizado un taxi par ver los castillos de los Assassins...

Eso son gajes del oficio y parte de este maravilloso viaje que pronto pasará de viaje de hermanos a viaje de amigos (bienvenido Diego!!)

Pero antes, en la próxima entrada, me acompañaréis en una visita relámpago pero imprescindible. ¡No os la perdáis!

¡¡¡¡Un abrazo a todos y gracias por los comentarios!!!

6 comments:

Anonymous said...

Me ha encantado el momento de la respuesta poética. Qué bien nos iría a todos, eso es cierto, si tuviéramos más presentes las humanidades, empezando por ejemplo por los planes de estudio. Queremos que no haya corrupción, ni política ni a ningún nivel, pero obviamos la formación poética y literaria en general, histórica y filosófica. En fin, Serafín. Nunca mejor dicho. Disfrutad de Irán y gracias por regalarnos estos pedacitos de viaje. Marta

Rous said...

Broder! Que bonita te ha quedado esta entrada. La has contado con el mimo con el que nos trataron los Langeroodi a nosotros. Yo ahora me dedico a repartir galletas de Fuman en el edificio y tengo a la gente encantada. La cugnada de Mehraban bajo emocionada a decirme que hacia 40 agnos que no probaba esas galletas y que eran las mejores! Imaginate!

Un abrazo enorme y bienvenido a mi gran relevo, Diego!



Rous said...

Por cierto...Me Flipa la foto!!! :)

la_de_burgos said...

Me encanta. Es todo gente, comida, el día a día y poco turismo del típico. Y, parece que poco gasto :-P. Muy distinto al agobio de África...
Eso si, no me quito la frase de Maribel de la cabeza: "pero has visto que duerme en cualquier sitio" ;-)
Besos amigos: Sara.

ailatan said...

La verdad es que es una gozada leerte y creo que nos transmites perfectamente cómo lo disfrutáis. Esto es lo más cercano que voy a estar yo de los sitios a los que vas, César. Y, por supuesto, de las gentes de esos sitios. Hay que ser de otra pasta para meterte ¡hasta en la cama de los anfitriones!

El Negro said...

Un país que se caracteriza por su hospitalidad y amabilidad unido a lo que le gusta a César sentirse halagado... Vamos, que te debes sentir como mono en frutería, ¿no? ;-)
Un abrazo y sigue disfrutando!