Nosotros nada más llegar a Yogyakarta nos fuimos al palacio real, el Kraton, por si no lo volvíamos a pillar abierto con nuestros horarios 😅 La primera impresión es que la arquitectura tiene un aire ligeramente colonial combinado con grandes espacios centrales con templetes techados donde se realizan los rituales o danzas tradicionales.
Os vamos a poner unos pocos segundos de uno de ellos. No os ponemos más porque es tan lento (de ahí la dificultad técnica, imagino) que si grabo más igual dejáis de leer 🤭 Como recompensa, mi madre os contará al final en otro patio una de las cosas más "curiosas" que ocurrían en palacio y os invitamos a degustar un menú con los platos favoritos de los sultanes 🤤
Con el homenaje gastronómico que nos pegamos, nos cerraron el palacio, así que sólo podíamos salir del restaurante por la puerta trasera y yo no podía devolver el sarong y que me devolvieran el depósito. Pero me alegra deciros que tras unas negociaciones diplomáticas con la casa real, me permitieron dejarlo en el restaurante y me devolvieron el depósito. Estamos hablando de 2'5 euros, pero la negociación fue divertida 🤣
Después nos dimos un paseito para bajar la comida hasta la popular plaza Kidul y, siguiendo la tradición Masangin, me puse a dar tres vueltas (el mejor plan después de comer) y a intentar atravesar los banianos para que se cumplieran nuestros deseos. Por cierto que, además de niños jugando y chicas dibujando, la plaza estaba llena de parejitas,, así que los deseos deben ser bastante románticos, me imagino 😍 El ambiente desde luego, es original.
Después de estos giros nos damos un paseo (¡en Yogyakarta se puede pasear sin sortear motos!) para intentar rodear los famosos jardines/baños del sultán, Taman Sari (ahora en obras desde que salieron grietas en las escaleras de la mezquita).
En este punto ya estábamos un poco cansados, pero quedaba un museo abierto, el de Sonobudoyo, donde queríamos comprar entradas para el Wayang, el teatro de sombras, así que fuimos para allá. Desgraciadamente no había representaciones los días que estábamos nosotros, pero en el museo había una representación del dios hindú Ganesha con el nombre de Mahoma escrito en caligrafía árabe y blandiendo las dos espadas del profeta. Como muestra de la llegada del islam a a Indonesia, me parece espectacular.
Y como no nos podíamos irnos a casa sin cenar, nos cogimos una moto-rickshaw por la popular calle de Malioboro en busca de un restaurante.
La excursión de hoy os la cuento en otra entrada pero, "gracias" al Krakatoa tenemos una noche más a Diego con nosotros y lo celebramos viendo un espectáculo de danza -con fuego incluido- sobre el Ramayana en Yogyakarta.
Al final hemos podido hasta sacarnos una foto con los artistas. Esta noche extra con Diego (antes de su vuelo de mañana) que nos ha regalado el Krakatoa, no se merecía menos.
Ánimo Diego que ya queda menos y ¡Un abrazo, familia!
No comments:
Post a Comment