El resto de la ciudad es como si cogieras alguna iglesia de ladrillo del centro de Bolonia, alguna plaza de armas blanca y elegante y las afueras de medio mundo, las metieras en una coctelera y lo agitases con fuerza. Conserva su encanto en un completo desastre, con abundante población negra y rumbosa ocupando las plazas o un simpático hombre orquesta cantando baladas de los sesenta y setenta. Incluidos Nino Bravo y Raphael!!
Y ya que tengo wifi y estoy en el tranquilo barrio elevado de San Antonio, cómodamente sentado en el sofá del albergue, con el cuadro de Montmartre de Van Gogh en la terraza, hablando tranquilamente con un italiano de Egipto, la dimisión de Berlusconi o el bigote de Aznar, cuelgo esta entrada breve y un poco absurda desde la parte más surrealista de Colombia. Un abrazo!