Friday, 21 August 2026

No sólo hay dragones en Komodo

Después de celebrar la independencia de Indonesia en Yakarta (isla de Java), cogimos el vuelo a Labuan Bajo en la isla de Flores (que os sonará, además de por el terremoto que acaban de sufrir en el otro extremo de la isla, porque vimos los restos del llamado "hobbit" u hombre de Flores). 

Labuan Bajo no tiene mucho encanto, pero aunque el objetivo era llegar al parque natural de Komodo para intentar ver al lagarto más grande del mundo, mi madre y yo aprovechamos a darnos un masajito para recuperar energías y luego nos reunimos con Diego en el mercado de pescado. Allí vas pasando por puestecitos con pescados de todos los colores a la vista, eliges el que quieres y te lo cocinan. Aquí podéis ver cómo mi madre se desenvuelve con tecnología digital (apuntando con el dedo) :-)



Finalmente escogimos el que nos pareció más exótico, de un azul tornasolado espectacular y, mientras esperábamos que lo cocinasen preguntamos a la IA qué era eso tan delicioso que nos íbamos a comer y nos sorprendió diciendo que no era recomendable comer pez loro porque podía tener toxinas. Acojonados preguntamos a la pescatera que nos dijo que estaba 100% segura que no había problema. Comprobamos que no había habido ningún caso reportado en Labuan Bajo y escogimos hacer caso a la inteligencia humana en vez de a la artificial y no dejamos ni las raspas 😅 (y ya hemos pasado el periodo en que podía dar síntomas, así que tranquilos).

La mañana siguiente llegamos al barco en que íbamos a partir a la aventura de dos días y una noche en Komodo. Muy "cómodo" para dos no era el camarote, y nos saludaban desde otros barcos más pijos como con condescendecia "Ciao poveri!" parecía que nos decían según una madre italiana que viajaba con nosotros, pero en cuanto zarpamos y cogimos posiciones en el piso de arriba, las vistas eran espectaculares e incluso al día siguiente vinieron a jugar con nosotros... ¡delfines!



Pero no nos adelantemos. La primera parada fue la isla de Kelor, donde nos propusieron una casi escalada descalzos a un risco que subimos sólo lo necesario para convencer a mi madre que estábamos mejor en la playa... ¡de los tiburones!  En realidad eran tiburones mini, pero había un montón y los veías aunque el agua te llegara sólo por las rodillas. Además también había corales y peces que te daban mordisquitos (los tiburones no, otros). Pero lo mejor fue que el primer intento de snorkel de mi madre fue tan divertido que casi no nos podemos poner de pie en el agua de la risa.

Luego paramos para hacer snorkel en alta mar en un punto llamado Manjarite. Ahí ya mi madre decidió quedarse en el barco, pero los colores de los corales y los peces me parecían más brillantes que en la barrera de coral australiana. Vimos por ejemplo algún familiar del pez loro que nos habíamos cenado la noche anterior 😅

Y nuestra última parada del día fue en la isla de Kalong para ver un atardecer espectacular y... ¡murciélagos-zorro! La verdad es que a esa distancia apenas se distinguían, así que lo más curioso era la cantidad de barcos que estábamos ahí parados para ver murciélagos.




La mañana siguiente empezó muy temprano desembarcando en la isla de Padar para subir unas escaleras y ver amanecer. Nos paramos un poco antes de la cima porque estábamos cansados, pero tuvo la ventaja de verlo sin aglomeración de gente y acompañados por... ¡una familia de ciervos! Fue un momento mágico y totalmente inesperado, como veis en el vídeo.



Después de desayunar fuimos a la "Playa rosa" cuyas arenas son efectivamente de ese color y se veían todavía mejor los corales y nuestra primera tortuga marina 🩷

Y ya llegamos al momento cumbre de esta aventura, al pueblo de Komodo, en la isla de Komodo, para ver sus famosos dragones. Empezamos la marcha con una pequeña subida en la que el guía le dejó a mi madre la vara para defenderse si veíamos uno, así que ahora nuestra seguridad dependía de ella. Y, nada más llegar a una loma, bajo un árbol a nuestra izquierda allí estaba un dragón macho esperando alguna presa despistada. Nos habían avisado que no podíamos acercarnos más de 5 metros y que no podíamos tirarles nada para no provocarnos. Pero en cuanto lo vimos, el guía preguntó ¿Quién quiere una foto? Y, hombre, querer queríamos. Y si se deja acariciar el lomo... 😅

Evidentemente estábamos más lejos de lo que parece, pero no a cinco metros. Después del primero vimos otros seis, allí plantados en el camino, así que ya no nos impresionaban mucho sus 2-3 metros de longitud, salvo uno que ya hacía seis semanas que no comía y empezaba a tener hambre. Cuando tienen hambre se comen hasta las crías de otros dragones y por eso los jóvenes se suben a los árboles, así que aunque no lo pareciera, mejor tener cuidadín.

Y de ahí, ya de postre, nos fuimos de snorkel e intentamos ver las Mantarrayas, pero como empezó a llover ya se habían ido. Es una pena, pero así tenemos una excusa para volver.

Ya estábamos preparados para las dos horitas de plácida navegación de vuelta a Labuan Bajo cuando a la lluvia le acompañó el viento y empezó a encresparse un poco el mar. No mucho, pero lo suficiente para que un niño italiano se pusiera a llorar, mi madre a vomitar y hubiera que achicar el agua. Como por arte de magia, apareció un chino en una barca con un motor, lo subió al barco y con dos tubos enormes achicó toda el agua y desapareció como había venido. Xiexie!



Después de eso y con el mar ya en calma llegamos sanos y salvos a Labuan Bajo y lo celebramos en el mercado de pescado con un buen mahi-mahi (un tipo de atún), esta vez aprobado por la IA :-) y nos fuimos a dormir como bebés.

Hoy ya hemos cogido un vuelo hacia Makasar (isla de Célebes o Sulawesi para los anglófonos) y mientras despegábamos, la italiana sentada a mi lado me pregunta "¿Notasteis el terremoto?" 

¿Pero cuándo? -pregunto yo- Anteanoche -me responde. Pues por suerte estábamos durmiendo tranquilamente en el mar de Flores...

Y, familia, ya estamos volando fuera de peligro hacia la fascinante tribu de los Tana Toraja, así que no os preocupéis 😅

Está claro que no sólo hay dragones en Komodo.

¡Un abrazo!

5 comments:

Anonymous said...

Que maravilla César! Gracias por hacernos participar del viaje desde la distancia. Belén una heroína, como somos las madres! Y el barco "bien" de Diego 😁. Esperando la próxima.😉

Gonzalo said...

Entre los improbables murciélagos zorro; las mantarrayas ausentes; el achique de agua y otros elementos; los dragones temibles pero cojonazos (no me extraña que estén amenazados); las mantarrayas ausentes, y los ciervos que madrugaron para contemplar el rosicler de la aurora (como diría con sorna Lázaro Carreter), vuestro paso por Komodo tiene posibilidades cinematográficas. Menos mal que el sol salió de la manera prevista y nadie tuvo que pegar tiros (como en «Amanece, que no es poco»). Ánimo con la expedición y evitad, por favor, los peces fosforitos.

Susana said...

Que gran día con los dragones, Cesar!!!!. Me encanta como lo cuentas, por un mili segundo me ha parecido que estaba allí como espectadora. Me he reído un montón. Gracias. Y tu madre además de valiente y echada palante, creo que está disfrutando cada minuto al máximo, es fantástico tener ese talante. Abrazo y cuidaros 😘😘

Anonymous said...

Bueno. Bueno menudo equipazo hacéis !!! Me he reído un montón !! Y efectivamente menuda madre tenemos !!

Anonymous said...

Esa Belén. Es la caña..disfrutad pandilla